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domingo, 10 de marzo de 2024

Haití es como una pesadilla viviente

Jovenel Moïse

Desde que el presidente Jovenel Moïse fuera asesinado en julio de 2021, Haití vive sumido en la interinidad, sin jefe de Estado y con un gobierno en funciones.El actual primer ministro, Ariel Henry,que había sido elegido por Moïse como su primer ministro apenas 24 horas antes de su muerte,ha argumentado que el empeoramiento de los niveles de violencia de las pandillas hace imposible garantizar unas elecciones libres y justas por el momento. Casi la mitad de la población, 4,7 millones de haitianos, padece de hambre aguda. En la capital, unas 20.000 personas viven en condiciones de hambruna, según la ONU, y el cólera está resurgiendo."El país está siendo rehén de las bandas. No podemos comer. No podemos enviar a nuestros hijos a la escuela”. 

La profunda crisis que vive el país ha sido descrita por el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, como "una pesadilla viviente”.Algunas zonas de la capital, Puerto Príncipe, que está rodeada de montañas, están controladas o regularmente aterrorizadas (algunas estimaciones dicen que el 80%) por pandillas fuertemente armadas.Ni siquiera el último presidente de Haití estuvo seguro en su propia casa. Jovenel Moïse fue asesinado a tiros por hombres armados en julio de 2021. El asesinato del presidente creó un vacío que las pandillas han estado compitiendo por llenar.Los expertos aseguran que detrás de los grupos armados hay figuras políticas corruptas, tanto en el poder como en la oposición. Suministran a las bandas armas, financiación o protección política. A cambio, las pandillas hacen el trabajo sucio, generando miedo, apoyo o inestabilidad, según se requiera.
Referencia: BBC News.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Los trabajadores pobres no necesitan una reingeniería de sus valores, sino puestos de trabajo que les permitan lograr una estabilidad material y dignidad social.

Los trabajadores pobres no necesitan una reingeniería de sus valores, sino más bien puestos de trabajo que les permitan lograr una cierta estabilidad material y dignidad social. Hoy en día hay una tendencia a la formulación de políticas que apuntan a garantizar la perpetuación de los mismos problemas que diagnostica, al promover la expansión aun más pronunciada del trabajo asalariado desocializado y la inseguridad para la vida que éste conlleva, manifiesta el sociólogo Loïc Wacquant.


Los políticos dicen que los empleados de estos lugares “dan un paso más en el proceso de adquirir una identidad honorable: afirman que sus trabajos tienen virtudes ocultas” y que cualquier trabajo, aun el más abyecto, es de por sí valioso. Y lo mismo afirma Katherine Newman. Este lema automistificador del trabajo y su corolario, las bendiciones invisibles del trabajo asalariado superexplotador, son pregonados a través de su examen de la relación entre la escolaridad, las habilidades y la (in)movilidad en el empleo de bajos salarios, una relación que ella considera positiva por dondequiera que se la mire.



“No hay mejor enseñanza que trabajar como un esclavo sobre una freidora grasienta durante ocho horas para que la gente comprenda que es necesario algo de esfuerzo para adquirir las credenciales que la califiquen para algo mejor en el futuro” (NSMG, p. 133). No se le ocurre a Newman que las condiciones deplorables de trabajo, los códigos degradantes de la vestimenta, la alta tensión, la inestabilidad y los salarios de hambre de estos “trabajos de esclavo” son incentivos poderosos para que sobre todo los jóvenes se aparten del mercado de trabajo formal y se unan al “capitalismo de botín” de la calle donde, formando parte de pandillas y vendiendo drogas, pueden al menos defender su honor viril, conservar su amor propio e incluso abrigar esperanzas de progreso económico (véanse Bourgois, 1995; Adler, 1995; y también Sánchez-Jankowski, 1991; Williams, 1992; Padilla, 1992; Hagedorn, 1998). El deseo de triunfar, que Katherine Newman celebra entre los “trabajadores pobres” que luchan para ganarse un lugar en la economía legal, es también el motor que impulsa las carreras de los comerciantes ilegales y sus empleados.