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miércoles, 6 de agosto de 2025

La primera tarea de sus tentadores es convertir mediante repeticiones la elección del camino del infierno en un hábito

*“No entienden ni el motivo ni el verdadero carácter de las prohibiciones que están quebrantando. Su conciencia apenas existe aparte de la atmósfera social que los rodea….y su lenguaje es confuso y borroso. Un soborno en la profesión de otra persona es una propina o un regalo en la suya. La primera tarea de sus tentadores es convertir mediante repeticiones continuas la elección del camino del infierno en un hábito. Pero luego…fue preciso transformar el hábito en un principio que la criatura estuviera dispuesta a defender. ….La mera ignorancia de la ley violada se convierte ahora en una vaga teoría sobre ella…en una doctrina expresada con los términos “moralidad” convencional, puritana o burguesa. ….Finalmente se producirá un rechazo real y deliberado, aunque no completamente articulado, de la “gracia”.”
“Cada dictador o demagogo, la mayoría de las estrellas de cine y de cantantes, podrá arrastrar ahora consigo decenas de miles de ovejas del rebaño humano. Se entregarán (lo que hay de ellos)  a él, y agraves de él a nosotros (dice el diablo). Vendrá un tiempo seguramente, en que, salvo para esa minoría selecta, no tendremos necesidad de preocuparnos en absoluto de la tentación individual. Si atrapamos al cabestro, el rebaño entero vendrá tras él. “
*El diablo propone un brindis de C.S Lewis.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Cervantes y la libertad de conciencia.

Auto de Fe en la Plaza Mayor de Madrid, por Francisco Rizi - Museo del Prado
La Inquisición era, contra lo que se cree hoy, popular. En primer lugar porque, cuando atacaba, lo hacía a una minoría selecta, totalmente desligada de la masa. Que fray Luis de León estuviera unos años en la cárcel podía molestar a unos estudiantes o colegas, pero el pueblo pensaba que, cuando lo habían hecho sus razones habría. La idea de que estaban en buenas manos, de que el rey por un lado y la Iglesia por otro, velaban por ellos, era típica del tiempo y, por ello, las restricciones consideradas necesarias. Ha dado tal vuelta el concepto que hoy se hace difícil comprender cómo en un capítulo del Quijote (II, 55) se diga que: “… llegué a Alemania y allí me pareció que se podía vivir con más libertad porque sus moradores no miran en muchas delicadezas; cada uno vive como quiere porque en la mayor
Cervantes.
parte della se vive con libertad de conciencia”. Eso era una crítica, por mucho que hoy  asombre. Porque quien tenía libertad de conciencia podía escoger el peor camino e ir al infierno. La teoría de que Cervantes decía eso porque era partidario de ella no es válida porque, en ese caso, no se hubiera atrevido a expresarlo tan claramente. Tanto él como el censor y el lector, interpretaron el hecho de tener libertad de conciencia no como un bien, sino como un mal. ¿Para qué poder elegir cuando se está en posesión de la única?